La relación entre las ONG y la juventud vive un momento extraño. Hay un interés real por cambiar las cosas, una sensibilidad clara frente a los retos sociales y ambientales y un deseo de participar. A la vez, muchas personas jóvenes sienten que el Tercer Sector no acaba de hablarles en su idioma ni de abrirles espacios donde puedan aportar de verdad.
El estudio realizado en el marco del Programa Esade PwC de Liderazgo Social durante el curso 2024 2025 analiza este desencuentro y señala caminos para avanzar hacia una colaboración más sólida, participativa e innovadora. A partir de sus conclusiones, este artículo recoge las claves del desafío y las oportunidades que tenemos delante.
Juventud comprometida, pero con otras formas de implicarse
Una idea queda clara desde el principio. El desinterés no es el problema. Tres de cada cuatro jóvenes españoles quieren implicarse en causas sociales y ambientales. Si añadimos a quienes ya colaboran, la cifra se acerca al noventa por ciento. A pesar de esto, solo cuatro de cada diez han participado alguna vez en una ONG, ya sea mediante voluntariado, donaciones o movimientos juveniles.
Muchas personas jóvenes canalizan su compromiso a través de acciones cercanas, redes sociales, iniciativas informales o proyectos autogestionados. Lo hacen fuera de las estructuras tradicionales porque sienten que les resultan lejanas, lentas o demasiado rígidas.
Los temas que más les preocupan también revelan un cambio generacional. Salud física y mental, vivienda y empleo aparecen en los primeros lugares. Son inquietudes reales y urgentes que chocan parcialmente con las prioridades históricas de muchas organizaciones sociales. Acercarse a estos intereses sin perder la esencia del Tercer Sector es un reto que puede convertirse en una oportunidad.
Una confianza moderada y una relación irregular
La confianza media de la juventud hacia las ONG se sitúa en 5,4 sobre 10. Entre quienes han tenido contacto con el sector sube a 6,6, pero entre quienes no lo han tenido baja a 4,9. Hay incluso un grupo que declara una confianza nula.
Los valores que asocian a las ONG siguen siendo positivos. Hablan de solidaridad, compromiso, participación y colaboración. El problema es que otros conceptos como innovación o empoderamiento apenas aparecen. Esto indica que las narrativas del sector no están conectando con lo que las nuevas generaciones esperan de una entidad.
Hay además tres barreras claras. Falta de información, falta de confianza y falta de tiempo. Aun así, muchas personas jóvenes identifican maneras concretas de aportar valor. Creación de contenido digital, habilidades tecnológicas y comunicación, ideas nuevas para metodologías y proyectos. Este potencial está ahí, pero no siempre encuentra un lugar al que incorporarse.
Lo que la juventud demanda a las ONG
El estudio recoge demandas y expectativas muy concretas. No piden grandes revoluciones, sino cambios realistas que mejoren la relación.
Quieren más presencia en redes sociales donde ya se mueven, más espacios juveniles donde poder encontrarse con las ONG y más actividades de proximidad que les permitan ver de forma directa lo que se puede conseguir.
También reclaman que las entidades les permitan tener un papel más activo. No solo como voluntariado puntual, sino como personas que opinan, crean y deciden. La juventud quiere participar en el diseño de proyectos, impulsar campañas, aportar ideas y tener voz en lo que se hace con los recursos.
Las ONG reconocen el reto, pero avanzan despacio
Desde dentro del sector hay conciencia de que algo no está funcionando. La mayoría trabaja en temáticas relacionadas con juventud, pero menos de la mitad lo considera una línea prioritaria.
Las estrategias más habituales siguen recayendo en la captación en redes sociales y en el voluntariado flexible. Son pasos necesarios, pero insuficientes si no se acompañan de cambios más profundos. Las colaboraciones con movimientos juveniles son todavía minoritarias y la presencia de personas jóvenes en órganos directivos o de gobierno es escasa.
Esta falta de espacios de poder real limita la conexión. Las entidades que ya han empezado a crear consejos juveniles, modelos de gobernanza participativa o programas de liderazgo joven están abriendo un camino que puede transformar por completo la relación entre generaciones.
Hacia un Tercer Sector que mire al futuro
El estudio es claro. La juventud tiene ganas, capacidad y motivación, pero existe una distancia en la forma en que las ONG se relacionan con ella. Si el sector quiere seguir siendo relevante necesita actualizar estructuras, abrir puertas y asumir que la participación juvenil no puede ser decorativa.
No se trata solo de atraer a jóvenes para tareas puntuales. Se trata de integrarles en la toma de decisiones, reconocer su mirada como una fuente de innovación y construir organizaciones más diversas, horizontales y coherentes con los valores que dicen defender.
En un momento de cambio acelerado, invertir en juventud significa asegurar el relevo generacional, fortalecer la legitimidad del sector y ganar capacidad transformadora.
Claves estratégicas para conectar con la juventud
Reconocer su capacidad de cambio
Las ONG deben dejar de tratar a la juventud como destinataria y empezar a considerarla protagonista. Pasar de hacer cosas para jóvenes a hacerlas con jóvenes.
Escuchar y co crear
Sentarse a escuchar de forma honesta, abrir canales de participación reales y permitir que la juventud forme parte del diseño de proyectos desde el inicio.
Reformular la participación y el voluntariado
Ofrecer opciones breves y flexibles, combinar presencial y digital, valorar la participación intermitente y reconocer nuevas formas de compromiso que no pasan por los modelos tradicionales.
Revisar la cultura organizativa
Promover espacios más horizontales, eliminar prácticas adultocéntricas, apostar por entornos colaborativos y ver el talento joven como una oportunidad de innovación.
Comunicar con su lenguaje
Estar donde está la juventud, usar formatos breves y visuales, apostar por narrativas más cercanas y colaborar con jóvenes creadores que ya generan impacto social en redes.
Ceder poder real
Integrar a jóvenes en comités, juntas y órganos de decisión. Darles capacidad para decidir sobre recursos, campañas o prioridades estratégicas.
Actuar con coherencia y transparencia
Hablar claro, evitar paternalismos y demostrar con prácticas internas lo que se defiende en público. La coherencia institucional es un elemento clave para generar confianza.
Mirar adelante con una visión compartida
La relación entre ONG y juventud tiene margen de mejora, pero también una enorme oportunidad. Si el sector sabe adaptarse y abrir espacios reales de participación, la alianza entre generaciones puede convertirse en uno de los motores de cambio más potentes de los próximos años.
El futuro del Tercer Sector pasa por la innovación, la diversidad generacional y una colaboración honesta entre quienes llevan décadas trabajando y quienes quieren construir nuevas formas de transformar el mundo. Integrar estas miradas no es solo una apuesta de futuro. Es una necesidad inmediata para que las ONG sigan siendo relevantes, legítimas y capaces de generar impacto en una sociedad que cambia muy rápido.

