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El voluntariado es una de las fuerzas más valiosas que tenemos como sociedad. Aporta compromiso, comunidad y una energía que difícilmente puede sustituirse. El problema no está en el voluntariado, que es imprescindible y sano. El problema aparece cuando algunas ONGs lo utilizan como si fuera un recurso para cubrir puestos profesionales sin contratarlos. Esto ocurre cuando se piden perfiles formados, horarios intensos y responsabilidades propias de un trabajador, pero sin ofrecer un contrato ni reconocer la profesionalidad que esas tareas requieren.

Muchas veces este desajuste no nace del trabajo comunitario, sino de modelos de gestión muy alejados del terreno. Equipos que no han sido voluntarios y que aplican lógicas empresariales sin entender cómo afecta esto a la intervención social.

Estudios y evidencias en España sobre este uso indebido

En España varias instituciones y estudios han documentado esta tendencia a reemplazar empleo profesional por voluntariado.

El Observatorio del Voluntariado en España ha señalado en distintas ediciones de su informe que algunas entidades derivan tareas estructurales a voluntarios cuando la financiación es ajustada. Admiten que esto desnaturaliza el voluntariado y genera confusión entre roles.

La Plataforma del Voluntariado de España recoge en sus informes que un número significativo de entidades reconoce recurrir al voluntariado para cubrir picos de trabajo que deberían recaer en personal contratado. Incluso cuando se presenta como una solución temporal, los informes advierten que esta práctica tiende a normalizarse.

El Consejo General del Trabajo Social ha denunciado casos en los que se solicitan voluntarios con titulación universitaria para funciones de intervención directa, acompañamiento, entrevistas o seguimiento de casos. Recuerdan que estas tareas forman parte de la práctica profesional y no pueden ser delegadas en voluntariado sin vulnerar principios de calidad y deontología.

Investigaciones universitarias sobre gestión del tercer sector en España coinciden en que cuando el voluntariado asume funciones profesionales sin supervisión técnica, la calidad del servicio se resiente y se genera una rotación continua que afecta al proceso de intervención.

Señales claras de que una ONG está usando mal el voluntariado

Varias señales permiten identificar que una entidad está utilizando el voluntariado para cubrir trabajo profesional.

  • Se piden horarios amplios y fijos, similares a una jornada laboral completa.
  • Se asignan tareas que requieren titulación, experiencia o responsabilidad técnica sin ofrecer supervisión profesional.
  • Se colocan voluntarios en funciones estables o estructurales aunque la entidad disponga de financiación para contratar personal.
  • No existe formación adecuada, acompañamiento ni cuidado del voluntariado, que se integra como trabajador pero sin derechos.
  • La entidad opera con una lógica empresarial donde gran parte del trabajo diario recae en personas voluntarias.

Cuando una organización actúa así, deja de ser voluntariado y pasa a ser trabajo gratuito que sustituye empleo.

Qué efectos genera esta práctica

Las consecuencias se extienden a varios niveles.

  • En los voluntarios. Aumenta el riesgo de agotamiento, frustración y sensación de haber sido utilizados. Lo que comenzó como una forma de colaborar acaba siendo una relación desigual.
  • En los profesionales. Se normaliza que el trabajo técnico no se pague y se alimenta el intrusismo. Las profesiones del sector pierden reconocimiento y se precarizan.
  • En las entidades. La calidad del servicio se debilita porque funciones críticas quedan en manos de personas sin la estabilidad ni la responsabilidad laboral que requieren.
  • En la sociedad. La percepción del voluntariado se deteriora y se empieza a ver como mano de obra gratuita en vez de participación social.

Por qué ocurre: una gestión empresarial desconectada del terreno

La mayoría de estudios coinciden en que este problema nace de varios factores que se combinan.

Muchas ONGs están dirigidas desde una lógica empresarial que prioriza el ahorro y la eficiencia presupuestaria por encima de la misión social. Cuando quienes toman decisiones no conocen el trabajo comunitario ni los fundamentos del voluntariado, se produce una visión instrumental de las personas voluntarias.

Las subvenciones condicionan tiempos y resultados y empujan a cubrir responsabilidades deprisa. En vez de replantear los proyectos o ajustar los objetivos, algunas entidades recurren al voluntariado como sustituto del personal contratado.

La regulación del voluntariado en España deja margen interpretativo. Esto permite que ciertas entidades se acerquen peligrosamente a la frontera con la relación laboral encubierta. Varios análisis jurídicos alertan de este riesgo.

A esto se suma la falta de procedimientos internos de calidad. Muchas entidades no cuentan con un modelo sólido de gestión del voluntariado y eso facilita que se asignen tareas sin una reflexión ética ni técnica.

Ejemplos reales en España que muestran este problema

Aunque muchas entidades trabajan bien, los casos documentados ayudan a visualizar la situación.

  • El Consejo General del Trabajo Social ha denunciado programas donde se pedían voluntarios con formación universitaria para realizar entrevistas, valoraciones y seguimiento directo de personas vulnerables. Recuerdan que estas funciones son profesionales y no pueden ser voluntarias.
  • Informes de la Plataforma del Voluntariado de España recogen testimonios de entidades que derivaban tareas estructurales al voluntariado por falta de personal contratado, especialmente en momentos de sobrecarga.
  • El Observatorio del Voluntariado ha identificado casos en los que los voluntarios asumían la organización semanal de actividades, la dinamización de grupos o la gestión continua de usuarios. Son funciones estables que requieren personal remunerado.
  • En el ámbito de la discapacidad y la intervención con menores han aparecido casos en prensa donde las familias denunciaban que la supervisión diaria quedaba en manos de voluntarios sin formación suficiente.
  • Sindicatos del sector social han señalado que algunas fundaciones utilizaban voluntarios para cubrir jornadas completas en actividades de ocio, campamentos y programas de respiro familiar, en tareas propias de monitores o educadores.
  • Estudios universitarios han descrito entidades donde el voluntariado realizaba funciones administrativas, de coordinación e incluso de representación externa. Los investigadores advierten que esto erosiona la profesionalidad del sector.
  • En cooperación internacional se han documentado voluntarios a cargo de funciones técnicas o de gestión por falta de personal contratado. Las organizaciones profesionales han alertado del riesgo ético y de la falta de coherencia de estas prácticas.

Hacia un voluntariado honesto y un sector coherente

El voluntariado es imprescindible, pero su valor depende de que se respete su naturaleza. Cuando se usa para cubrir puestos que deberían ser profesionales, pierde sentido y se convierte en una forma de precariedad encubierta. Un sector social sano necesita voluntariado y necesita profesionales y ambos pueden convivir sin problema cuando se gestionan de forma ética y transparente.

Proteger el voluntariado implica no permitir que se utilice como sustituto de empleo. Es una defensa del propio sector y de las personas que participan en él, tanto si colaboran de forma voluntaria como si trabajan de forma profesional.

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