El informe Miradas 2025 de EAPN España no es un documento más sobre pobreza. Es un espejo incómodo. Un análisis que combina datos y relatos de vida para mostrar cómo la exclusión social en España no solo persiste, sino que se cronifica.
No estamos ante situaciones puntuales ni ante emergencias coyunturales. Estamos ante un problema estructural que el sistema sigue sin afrontar de forma decidida.
La pobreza que no se va aunque trabajes
Uno de los mensajes más claros del informe es que el empleo ha dejado de ser una garantía para salir de la pobreza. Tener trabajo ya no asegura ingresos suficientes ni estabilidad vital.
Contratos temporales encadenados, jornadas parciales impuestas y salarios que no permiten cubrir necesidades básicas generan lo que EAPN identifica como pobreza laboral. Personas que trabajan, pero siguen siendo pobres.
Este dato desmonta uno de los grandes mitos del discurso institucional. El de que el esfuerzo individual basta. El de que el mercado corrige las desigualdades por sí solo. El informe demuestra que no es cierto y que seguir sosteniendo ese relato solo sirve para culpabilizar a quien ya está en una situación de vulnerabilidad.
Sistemas de protección que llegan tarde o no llegan
El informe señala con claridad las debilidades del sistema de protección social. Prestaciones insuficientes, procedimientos complejos y requisitos que no se ajustan a la realidad de las personas.
El Ingreso Mínimo Vital aparece como una herramienta necesaria, pero limitada si no se acompaña de una gestión ágil, accesible y con enfoque de derechos. No basta con que exista una prestación si acceder a ella se convierte en una carrera de obstáculos administrativos.
Cuando el sistema exige más de lo que protege, termina expulsando precisamente a quienes debería sostener.
Vivir mal también es una forma de violencia estructural
Las personas que participan en el informe hablan de ansiedad, culpa, vergüenza y agotamiento constante. La pobreza no es solo falta de ingresos. Es desgaste emocional. Es vivir bajo sospecha permanente. Es sentir que cualquier error puede dejarte sin nada.
Desde el ámbito social esto es bien conocido. La exclusión no solo empobrece materialmente. Deteriora la salud mental, las relaciones y la percepción de valía personal. El informe pone palabras y testimonios a una violencia estructural que suele quedar invisibilizada.
Infancia y desigualdad. Una herida que se hereda
Especialmente grave es el impacto de la pobreza en la infancia. El informe muestra cómo crecer en un entorno de carencias condiciona desde el inicio el acceso a la educación, la salud y las oportunidades futuras.
No hablamos de igualdad de oportunidades. Hablamos de puntos de partida profundamente desiguales. Cuando la pobreza se hereda, el sistema deja de ser un ascensor social y se convierte en un mecanismo de reproducción de desigualdades.
No es falta de recursos. Es falta de decisiones
Uno de los mensajes más incómodos del informe es que la pobreza en España no es inevitable. Es consecuencia directa de decisiones políticas concretas.
Modelos laborales que toleran la precariedad. Políticas sociales más centradas en el control que en el acompañamiento. Presupuestos que no priorizan la garantía de ingresos ni los servicios públicos esenciales.
EAPN no se limita a describir la realidad. Señala responsabilidades. Y eso incomoda, porque obliga a dejar de mirar a las personas empobrecidas y empezar a mirar a quienes diseñan las normas.
Mirar de verdad implica actuar
El informe Miradas 2025 no pide caridad. Reclama derechos. Reclama políticas valientes, coordinadas y sostenidas en el tiempo. Reclama dejar de normalizar que millones de personas vivan permanentemente al límite.

